lunes, 18 de febrero de 2013

CALIDAD EN LA ATENCIÓN ODONTOLÓGICA




Los más elementales procesos que se pudieran generar para evaluar y mejorar la calidad de los servicios odontológicos exigen tener una definición clara de lo que significa la calidad de la atención odontológica, en especial, cuando se trata de un producto tan holístico como es la salud de la población.
En este sentido, Michael, Sower y Motwani (1997) afirman que en los servicios donde se pretende ofertar atención de la salud, la calidad de dicha oferta debe ser definida por los interesados habituales de los servicios.  De ahí se define como “el conjunto de propiedades o características de un producto o servicio que le confieren la aptitud para satisfacer las expectativas explicitas o implícitas preestablecidas por los interesados habituales de dichos servicios”. Expectativas generadas de acuerdo con las necesidades, los antecedentes, los costos, la publicidad y la tecnología empleada, entre otros aspectos.
Esto hace que la definición de la calidad de los servicios odontológicos asuma un sin número de connotaciones según sea el contexto social e institucional donde operen los servicios.

La calidad de los servicios odontológicos puede ser considerada entonces, como el conjunto de propiedades o atributos que deben tener dichos servicios para satisfacer las expectativas explicitas e implícitas preestablecidas por los interesados.
La evaluación y mejoramiento de la calidad de los servicios odontológicos implica, por lo tanto, un proceso de identificación y satisfacción de estas expectativas, dadas las circunstancias que enmarcan el contexto en que se producen los servicios.  Es decir, se debe considerar no sólo los aspectos internos de la organización del servicio odontológico sino que, además, se deben considerar los elementos del entorno o contexto que pueden comprometer las acciones para el mejoramiento de la calidad. Mejoramiento, que según Angus, Boutette y Motta, (2002) obliga a establecer una coherencia entre la organización sistémica (estructura, procesos y resultados) de los servicios, las necesidades de sus interesados habituales (expectativas e intereses) y las condiciones que enmarcan su entorno.

La evaluación de la calidad de los servicios odontológicos vinculados implica hacer una comparación entre las propiedades o atributos deseados por los interesados habituales para estos servicios y la situación encontrada (real) de las propiedades o atributos que ofrece dichos servicios en el marco de un contexto interinstitucional generado por dicho proceso. Dicho contexto está representado por una vinculación entre las facultades de odontología, las direcciones regionales de salud pública, la comunidad y los organismos gubernamentales locales. Se requiere entonces, identificar las condiciones (situación) deseadas y posibles de alcanzar en el servicio odontológico de acuerdo con las expectativas y experiencias de los interesados habituales, así como de los factores o fuerzas que dinamizan el contexto. Al lograr esto, la “situación ideal” preestablecida para el servicio odontológico se transforma en una “situación deseada y posible”.

Miklos y Tello (1996) señalan que una situación se hace deseada y posible en la medida en que, además de responder a los intereses de quienes la conciben, se estima que puede ser lograda o alcanzada en un futuro, a partir del trabajo volitivo y organizado de los actores sociales que conforman dicha situación. Esta definición le ofrece al proceso de evaluación y mejoramiento de la calidad una mayor viabilidad para su desarrollo.

Ahora bien, ninguna definición de la calidad tiene utilidad real para evaluar y mejorar la calidad de la atención odontológica, y por consiguiente de los servicios que la operan, si no se tiene concebido el cómo puede ser medida dicha calidad. Es evidente que los productos o servicios pueden contener una gran variedad de atributos a la hora de considerar las exigencias y expectativas de sus interesados. Sin embargo, la tendencia de estas exigencias en las investigaciones realizadas se ha enmarcado históricamente en dimensiones definidas de la organización del servicio lo que lo hace vulnerable a la medición mediante indicadores específicos.

En el caso de los servicios de salud han sido varias las dimensiones sugeridas u operadas por algunos autores (Lee y Jones, Palmer, el Programa Ibérico y Joint Comm, entre otros) para la evaluación y mejoramiento de la calidad. Saturno (1993) al analizar las investigaciones hechas de estos autores pudo definir las siguientes dimensiones para la evaluación y mejoramiento de la calidad de los servicios de salud.

Disponibilidad (apoyo estructural): definido como la medida en que el servicio oferta en cantidad y calidad suficientes los recursos materiales como la infraestructura física, el espacio, equipamiento, medicación, programas, normas o cualquier otro medio necesario para la atención sanitaria.
Competencia profesional (Calidad científico-técnica): hace referencia a la capacidad (lo que sabe hacer) de los proveedores de utilizar el más avanzado nivel de conocimiento, habilidades y actitudes existentes para abordar los problemas de salud. Esta incluye tanto los conocimientos y habilidades técnico-científicos del proveedor como la actitud requerida para un buen trato del usuario del servicio.
Rendimiento: es una dimensión que señala el número de actividades o acciones realizadas en un lapso o período de tiempo. Esta dimensión es utilizada como base para definir la efectividad y la eficiencia. En el caso de la salud bucal podemos señalar, por ejemplo, el rendimiento por consulta, la proporción de actividades cumplidas, el rendimiento por paciente dados de alta, etc.
Efectividad: es la medida que relaciona el resultado de una práctica o acción en condiciones reales (rendimiento) y una expectativa preestablecida para dicho resultado. Para los fines sanitarios, la medida relaciona el impacto real de un servicio o programa dentro de un sistema operativo y su impacto potencial en una situación ideal. En la práctica existen limitaciones para medir esta dimensión debido a que la salud es un proceso complejo con muchas dimensiones. Sin embargo, se ha asumido como indicadores de este proceso el mejoramiento de algunas condiciones biológicas que reflejan el nivel de salud alcanzado, sin llegar a entender que se logró la mejora de la misma.
Eficiencia: relaciona el resultado de una práctica o acción en condiciones reales (rendimiento) con el costo que produjo dicho resultado. El costo no sólo se refiere a lo económico sino a todos los recursos utilizados o agotados para lograr el producto, como por ejemplo horas / personal invertidas, material odontológico utilizado por unidad de trabajo, gasto de servicios (luz, agua, electricidad, etc), entre otros.
Accesibilidad: se trata de medir la posibilidad que tiene un cliente externo de obtener los servicios que necesita, en el momento y lugar donde los necesita (oportunidad), en suficiente cantidad y a un coste razonable. Para la medición se relaciona la capacidad de la oferta asistencial de un servicio con los aspectos organizacionales, económicos, culturales y emocionales de sus usuarios que demandan el servicio.
Satisfacción: se define como la medida en que la atención sanitaria ofertada en el servicio llena las expectativas e intereses de los usuarios y proveedores. Esta dimensión puede estar referida como mínimo a tres componentes: la percepción de los aspectos organizativos (ambiente físico, tiempos de espera, equipamiento, salario, horario de trabajo, etc.), los efectos psicológicos de la acción sanitaria y las relaciones personales percibidas durante el proceso de atención.
Adecuación: es la medida en que la atención o acción sanitaria se corresponden con las necesidades del usuario o proveedor del servicio. Esta medida tiene un componente numérico como la cantidad total del servicio en relación con las necesidades del usuario, y un componente de distribución como la disponibilidad del servicio en cada zona y por grupos poblacionales.
Continuidad: es la medida en que la atención o acción sanitaria se suministra de una forma continua y coordinada. La medida trata de identificar el nivel de integración en la atención del usuario del servicio.
Participación: representa la medida en que el usuario o proveedor del servicio interviene (participa) activamente en las decisiones que afectan a los intereses habituales del servicio.
Medir estas dimensiones para establecer una evaluación de los atributos deseados y posibles de un producto o servicio, es una acción relevante para la introducción de medidas correctivas o de mantenimiento en el caso de detectar alguna necesidad. Sin embargo, el mejoramiento de la calidad a través de estas medidas contiene mayores implicaciones en el contexto de la política sanitaria de un país. Berwick (1997) por ejemplo, señala algunas consideraciones que deben ser tomadas en cuenta a la hora de establecer un plan de mejoramiento de la calidad para los servicios de salud:
Los actores sociales involucrados con la atención de la salud en el servicio han de establecer y mantener una visión compartida de un sistema de atención de la salud que experimente una mejoría de la calidad. Es necesario sustituir las acusaciones y justificaciones por esfuerzos encaminados a establecer metas conjuntas.
Las inversiones en el mejoramiento de la calidad han de ser consideradas como útiles y productivas. Por consiguiente, el mejoramiento de la calidad requiere de inversiones adicionales a lo habitual de la organización, no sólo en términos económicos, sino en tiempo gerencial, conocimientos técnicos, mano de obra, etc.
Ha de establecerse o incrementarse el respeto al trabajador de la salud. Se debe partir de la idea de que el personal profesional, empleados y obreros de la salud están tratando de realizar su trabajo, actuando de buena fe y no dejan voluntariamente de hacer lo que saben que es correcto. Lo errores que se cometan deben ser considerados como no intencionales.
El diálogo entre los usuarios y los proveedores de los servicios de salud ha de ser abierto y mantenerse cuidadosamente. La calidad mejora en la medida en que los usuarios y los proveedores dedican tiempo a escucharse mutuamente y a dilucidar inevitables malos entendidos.
Las instituciones de atención de la salud han de organizarse para asegurar la calidad. Cuando el mejoramiento de la calidad exige nuevos procesos gerenciales los mismos estimulan un cambio en la estructura de la institución. Se busca aplicar la voluntad y el talento de todos los trabajadores a la identificación de nuevas formas de realizar el trabajo.


jueves, 14 de febrero de 2013

LA RELACIÓN MÉDICO - PACIENTE EN EL SISTEMA NACIONAL DE SALUD




Lo que verdaderamente identifica al hombre y al propio tiempo lo diferencia del resto de los seres biológicos es precisamente su condición de ser social, es decir, la capacidad de relacionarse con otros hombres en el propio proceso de creación de bienes materiales y espirituales. Este tipo de relación enfrenta al hombre a relaciones diversas que le crea la necesidad de adoptar las conductas que se consideran las más apropiadas o más dignas de ser cumplidas, según el consenso general del colectivo social al que pertenece.
Desde que el hombre primitivo sintió por primera vez los sufrimientos de una enfermedad, recurrió a un semejante en busca de ayuda, este entonces trata de ofrecérsela según sus posibilidades. Con el tiempo surgiría alguien que, por vocación, características personales o designación del colectivo, se especializó en materia de salud y comenzó a aumentar su arsenal terapéutico.
Durante sus interacciones con los otros seres humanos el hombre establece diferentes tipos de relaciones, algunas de carácter superficiales y otras de carácter más complejo, donde al menos uno de los participantes debe saber ponerse en el lugar del otro, sentir hasta cierto punto como él o ella, y disponerse a ayudarlo en cualquier dificultad.
La relación médico-paciente es un fenómeno bastante complicado, y se basa en una multitud de diversos componentes de carácter económico, profesional , jurídico, psicológico, moral, ético y estético.
La génesis de la capacidad para una actitud ética personal y profesional data desde los albores de la humanidad, y presupone responsabilidades que elegimos adoptar en relación con otros, y de este modo se establece una situación paralela entre el analista y el paciente, y aunque ellos no son parejas iguales están en una situación de mutualidad, subjetividad compartida e influencia recíproca.
La medicina ha sido enfocada desde un especial tipo de relación humana: en la naturaleza del encuentro entre el médico y el paciente.  Han sido reveladas diferentes conceptualizaciones de empatía, y dentro de ellas, la empatía como trato humano y la profesional son las que más se ponen de manifiesto en la relación médico-paciente.  A través de los años los médicos han tratado de descubrir mayor éxito y respuesta empática en los pacientes llamados "difíciles", como medio de comprender el misterio y la complejidad de las relaciones humanas.
Es una relación interpersonal de tipo profesional que sirve de base a la gestión de salud. Se trata de una relación donde se presta un servicio de alta significación, por ser la salud uno de las más preciadas aspiraciones del ser humano, y a diferencia de las relaciones interpersonales condicionales, la situación profesional más frecuente es la entrega total, sin aspirar a reciprocidad alguna en los aspectos señalados.
Se puede afirmar que Sigmund Freud fue el primero en analizar directamente la relación psicológica entre el médico y el paciente.
La relación médico-paciente, piedra angular de la gestión médica asistencial, pasó así por diferentes etapas históricas que podemos denominar: de compañía, mágica, mística, clerical, profesional, tecnicista e integral. En esta última el hombre es valorado a la luz de la ecología de la salud como ente biosicosocial, por la interacción dialéctica sujeto-medio. La práctica médica, desde sus orígenes ha estado estrechamente vinculada a la comunicación interpersonal y al desarrollo de las habilidades clínicas. Dado su carácter de relación social la relación médico-paciente lleva la impronta del contexto social donde se desarrolla.
Las relaciones médico-paciente son una parte integral principal de la ética médica en general y de la deontología en particular. Ello explica el carácter específico del oficio del médico, al que el enfermo le confía voluntariamente, con esperanza, su salud y su vida; le confía todo, incluso lo más íntimo. Esta confianza sin límites del enfermo al médico le exige a este último tener altas cualidades morales. El paciente no es solo un objeto de influencia profesional, sino también, y en primer lugar, un sujeto racional, es una personalidad. Él no es indiferente a los problemas de su propio bienestar físico y psíquico, y quiere comprender la esencia de los procesos fisiológicos y patológicos que transcurren en su organismo.
A la luz de las relaciones entre el médico y el paciente, el médico debe no solo perfeccionar constantemente su calificación, maestría, habilidades y el arte médico, sino también respetar al paciente y su derecho a la confidencialidad.  El valor de la actividad del médico consiste no solo en su honradez, sino en su disposición a entregarse completamente al servicio de los hombres, a la sociedad en el sentido de responsabilidad del ciudadano. Solo poseyendo estas cualidades el médico puede a plenitud velar por la salud del enfermo, puede consolarlo, y usar métodos acertados de tratamiento.
Muy a menudo el hombre acude al médico no solo para recibir la asistencia médica, sino simplemente para hablar de él, de su vida, confesarle qué le duele, o pedirle consejos. Por muchos conocimientos profesionales que tenga el médico, no podrá establecer los contactos necesarios con el paciente y sus familiares, no gozará de su respeto y admiración si no sabe nada de las particularidades de su trabajo y su vida, si no tiene erudición en otras ramas del conocimiento. Se dice que el médico debe tener las cualidades del científico, el pintor, el filósofo y el artesano, de mucha práctica. Así podrá encontrar la forma adecuada para comprender la vida y la personalidad del hombre.
El paciente siente habitualmente el temor de morir, la angustia ante lo desconocido, la tristeza y la hostilidad frente al infortunio, y en caso de una enfermedad real, una permanente demanda de afecto. Por otro lado, el médico debe romper este valladar, que de no hacerlo, pudiera alejarlo para siempre del paciente. Debemos tratar de oír al paciente. Es un antiguo precepto que saber hablar es un don de la naturaleza, pero saber oír es una virtud.
El médico, por tanto, debe ser consciente de que su relación profesional interpersonal debe estar caracterizada por:
  1. El respeto que inspira su investidura técnica es una profesión de alto prestigio social.
  2. La expectativa por parte de la población de que manifieste un comportamiento adecuado con su alta responsabilidad.
  3. Su condición de piedra angular en prestación de un servicio de gran significación humana, como es promover o restablecer la salud.
  4. Demandar una constante disposición a la relación de ayuda, sin aspiración de reciprocidad.
  5. Requerir del facultativo el planeamiento cuidadoso de cada una de sus acciones para evitar errores de altas potencialidades iatrogénicas.
En nuestro país, ordenado y sustentado fundamentalmente sobre la base de la propiedad social sobre los medios de producción, se determina una moral y se crea una ética en forma general de acuerdo con este contexto. El paciente siempre respeta al médico en primera instancia, debido a la condición de dependencia temporal en que se encuentra, mas el respeto del médico hacia él deberá ser más amplio y polifacético, debido a la propia naturaleza de su encargo social. El médico como dirigente principal del equipo de salud, deberá exigir respeto para el paciente a todos los participantes en su atención, y se guiará por el principio martiano "el culto a la dignidad plena del hombre".

El Médico de Familia representa la esperada síntesis que implica un extraordinario salto cualitativo en la gestión profesional en materia de salud.
El profesional de salud de hoy no puede dejar de reconocer que el proceso salud-enfermedad se produce en una cultura determinada. El respeto al ser social es el fundamento de las relaciones humanas, y constituye un deber moral de cada hombre, que en el caso de los profesionales de la salud en la Cuba socialista, adquiere una connotación mayor porque la propia sociedad le ha asignado un gran encargo: la protección de la salud de las grandes masas. El gran protagonismo de los profesionales de la salud,, está dado por 2 cuestiones fundamentales: el sistema nacional de salud confía en ellos, pues son guardianes de la salud de la población; y a su vez, esta población tiene grandes expectativas en sus médicos y enfermeras porque la salud se les ha reconocido como un derecho, y por lo tanto, los profesionales y trabajadores del sector son los encargados de posibilitarle la materialización de ese derecho reconocido.
Protagonismo es, en este caso, asumir la responsabilidad moral del eje fundamental en defensa de la calidad de la atención que brinda, de velar por las condiciones higiénico-sanitarias en las viviendas y el barrio, garantizar los recursos necesarios ofrecidos por el sistema nacional de salud en todo momento, velar por las condiciones de vida y trabajo de la población, así como educar para la salud a todos los profesionales del sector

lunes, 11 de febrero de 2013

¿ES LA PRÁCTICA ODONTOLÓGICA UN TRABAJO SOCIAL DESCONTEXTUALIZADO?


Debido a la discriminación sufrida por la odontología durante el siglo pasado y buena parte del presente, esta práctica desarrolló sus conocimientos en una especie de "caja negra", cuya fundamentación básicamente tecnológica, los hacía indescifrables para legos y otras prácticas de salud. De esta manera, la discriminación revertió en un monopolio, y el monopolio, a la postre, en una autonomía operativa que generó la posibilidad de un comportamiento auténticamente profesional. Sin embargo, esta circunstancia, que fue históricamente positiva, para un proceso de profesionalismo  fue negativa en cuanto a la fundación académica o científica de la odontología. El histórico alejamiento de las ciencias biomédicas y de las ciencias conductuales y sociales repercutió como una inadecuada correspondencia entre la práctica odontológica y su objeto de trabajo. )Qué puede esperarse de una práctica profesional que, como vemos, ha desarrollado una referencia científico-técnica perturbada sobre su objeto de trabajo y de sí misma? Si a pesar del desarrollo científico-técnico no se ha podido producir un impacto social y epidemiológico significativos en el componente bucal de la salud-enfermedad humana, es posible afirmar, que el basamento teórico- práctico sobre el cual se sustenta la odontología no es el más apropiado para el contexto en que realiza su trabajo. Por lo tanto, es una práctica profesional descontextualizada.

Frente a la evidencia de un impacto precario en el perfil socio-epidemiológico del componente bucal de la salud y enfermedad humanas, algunos profesionales de la odontología hemos sentido la necesidad de contextualizar una nueva forma de práctica odontológica. Lo anterior necesariamente significa una discusión teórico-práctica con los planteamientos tradicionales aún fuertemente predominantes. Por el momento, me limito a reconocer los esfuerzos realizados por algunos colegas que desde las décadas de los 60 y 70 han venido proponiendo nuevos paradigmas para una práctica que se ha mostrado, a pesar de los adelantos científico-técnicos, como autosuficiente y algunas veces insensible. Todos estos esfuerzos han apuntado hacia la construcción de una práctica mucho más integral en correspondencia con la complejidad de su objeto de trabajo.

La práctica odontológica, en lo que corresponde a su comunidad profesional, ha transitado por enfoques y modelos deterministas que no nos han permitido consolidar un movimiento conceptual transformador. Estrategias como la odontología integral, la formación de personal auxiliar, la simplificación y un compromiso social, están aún al orden del día. Este tránsito explica, en buena medida, el retardo que tuvo la práctica odontológica para admitir el papel de las ciencias de tipo biomédico y social. Por eso es que nos hemos atrevido a afirmar que históricamente no hubo un modelo francés de enseñanza en la educación odontológica, sino un modelo tecnológico cuyas preocupaciones básicas giraban más sobre los aspectos operativos, por rudimentarios que estos fuesen. No en vano esta circunstancia fue duramente criticada por Gies en su informe publicado en 1926 sobre la educación dental en los Estados Unidos. Vale señalar que el informe de Gies equivale para la Odontología lo que el informe de Flexner equivale para la Medicina.

Sólo fue hasta mediados del presente siglo, que odontólogos importantes promovieron la imperiosa necesidad de recurrir a una fundamentación biomédica para la formación y el ejercicio de la práctica odontológica. Precisamente esta lucha significa que "lo médico" les era algo indiferente. Así por ejemplo, en las escuelas norteamericanas, según Gies, sólo se ofrecían 48 horas al año en materias como Semiología, Patología y Diagnóstico, materias que correlacionaban el trabajo clínico dental con la clínica médica. Tal vez esto explica que fuesen médicos los que asumieran las principales asignaturas biomédicas contempladas en los currículos odontológicos, ante la incapacidad histórica de los cirujanos dentistas para hacerlo. Lo mismo ocurrió con las asignaturas correspondientes a la Salud Pública y a la Odontología Social. Bajo tales circunstancias, era difícil conocer y manejar, por parte de los odontólogos, enfoques mucho más estructurales y científicos sobre el proceso salud-enfermedad. La verdad es que no parece cierto que desde la odontología se hubiesen elaborado propuestas explicativas de dicho proceso. Lo que sí parece haber ocurrido, es que los enfoques y modelos de la práctica médica hubiesen servido de imágenes atenuadas o trasmutadas, en la teorización del objeto de trabajo de la práctica odontológica. Por eso, es posible afirmar que los modelos odontológicos predominantes en la educación y el ejercicio de la odontología en nuestro mundo latinoaméricano, está aún lejos de las discusiones conceptuales, metodológicas y operativas que ya son palabras comunes en los círculos de la Medicina y la Odontología Sociales. Es más, las discusiones filosóficas, epistemológicas, educativas, históricas y sociológicas, siguen siendo consideradas como relleno que no interesan a la profesión.

viernes, 8 de febrero de 2013

EL IMPACTO DE NUEVOS DESCUBRIMIENTOS


Los descubrimientos que más impacto tuvieron en el siglo XX, donde la tecnología se desarrolló a pasos agigantados, son imposibles de detallar y solamente señalaremos algunos.
En 1900 se aceptaron las leyes de la herencia que Mendel había publicado en 1865. Este hecho unido al descubrimiento de la enzima que produce el ácido ribonucleico (ARN) y del ácido desoxirribonucleico (DNA) y los avances posteriores, han logrado que se haya descifrado en lo fundamental el genoma humano (1991) y en los próximos años se podrá conocer el origen de múltiples enfermedades, incluido el cáncer.
El conocimiento de los grupos sanguíneos (1901) y del factor RH, permiten utilizar la sangre y sueros adecuados en cada paciente.
La penicilina (Fleming, 1929) y la estreptomicina para los tuberculosos (1944)dieron paso a la era de los antibióticos y su uso universal en enfermedades infecciosas bacterianas.
Los cultivos del bacilo de la tuberculosis (BCG, 1944)abrieron el camino a la vacuna para prevenirla. Además se han desarrollado múltiples vacunas contra la poliomielitis (Salk), difteria, tos ferina, sarampión, y otras
El perfeccionamiento de la diálisis para las enfermedades renales avanzadas, motivó la realización de los trasplantes de órganos: riñón (1950), corazón (1967) y más tarde intestino, páncreas, huesos, córnea, hígado...
Con el nacimiento de la biotecnología y la ingeniería genética (1977) se dio un gran paso de avance.
La radiologíaa partir de los primeros años del siglo XX inició su progreso y se desarrolló la Tomografía Axial Computarizada (TAC), la Resonancia Magnética (RM), sin olvidar la Ultrasonografía y el Dopler.
La Laparoscopia en animales (1901) y en humanos (1910) permitió una exactitud en el diagnóstico de las enfermedades abdominales (hígado, vesícula, apéndice, órganos internos femeninos), y se convirtió en la cirugía laparoscópica actual, que sustituye en un alto porcentaje a la cirugía general clásica.
Al igual que la endoscopia digestiva, la cirugía endoscópica de esófago, estómago, duodeno, vías biliares y colon, resuelve satisfactoriamente, y con un mínimo de riesgos, muchos casos que antes tenían que ser operados por cirugía clásica.
En nuestro país, especialmente a partir de 1959 con el triunfo de la Revolución, se han aplicado todas las vacunas y criterios epidemiológicos, por lo que se han evitado cientos de miles de enfermedades infecciosas y muertes.
También la laparoscopia de urgencia, desarrollada en Cuba, ha evitado errores diagnósticos y pérdida de tiempo para el abordaje quirúrgico de los pacientes con afecciones agudas o traumáticas del abdomen.
Con una utilización adecuada de los progresos mundiales y nacionales y con una firme voluntad política mantenida, Cuba se ha situado en los primeros lugares, según los índices de Salud mundial establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

SIGLO DE LUCES Y SOMBRAS



La longevidad constituye uno de los grandes logros del siglo XX y un reto para el que ahora comienza.  La edad media de la población aumentó de forma inusitada. Se han agregado 20 años a la esperanza media de vida, lo que ha propiciado que en el curso de unas pocas generaciones la proporción de las personas de la tercera edad (mayores de 60) se ha venido acrecentando en alrededor de 1 de cada 14 a 1 de cada 4.

Sin embargo, la exclusión permanente de miles de millones de personas del Tercer Mundo de los avances ocurridos en el terreno de la salud, abren no pocas interrogantes para este nuevo milenio.
La revolución sanitaria acaecida ha estado marcada por una enorme desigualdad cada vez más polarizada: de una parte los ricos; de la otra, los pobres, a quienes de forma creciente les sigue tocando lo peor de los dos mundos. La aspiración de Salud para todos en el 2000 se recordará quizás como una hermosa utopía, que habrá nuevamente que soñar.

Para tener una imagen de los principales acontecimientos del siglo que termina, sería necesario recordar que el auge de la medicina moderna occidental se sitúa en el siglo XIX, época en la que se realizaron grandes descubrimientos en el campo de la biología, acompañados del desarrollo de la tecnología médica. Se inventaron nuevos instrumentos diagnósticos, entre ellos el estetoscopio y los equipos para tomar la presión arterial. También la tecnología quirúrgica alcanzó notables progresos.
Se iniciaba entonces también la tendencia a la especialización de la Medicina, que alcanzaría un máximo desarrollo en el siglo XX. Sustentados en conceptos forjados en el XIX, uno de los adelantos significativos del XX lo constituye la aparición de gran cantidad de medicamentos y vacunas para combatir las enfermedades causadas por bacterias (fiebre tifoidea, tuberculosis, tétanos, difteria, entre otras), y luego las originadas por virus, aunque el advenimiento del SIDA, a comienzos de la década de los 80, haya ensombrecido el panorama.
El descubrimiento de la penicilina anunciaba el comienzo de la era de los antibióticos, calificada como uno de los períodos más espectaculares de la Medicina moderna.
Otro gran triunfo lo constituyen los avances registrados en Endocrinología, situándose como el acontecimiento más importante el descubrimiento de la insulina, que posibilitó salvar la vida a muchos diabéticos de una muerte segura y llevar una vida normal. También el hallazgo de la cortisona, que constituye un potente agente antialérgico y antinflamatorio.
Con el descubrimiento de los principales grupos sanguíneos y su tipificación en el siglo XX, la transfusión se convirtió en un procedimiento seguro y eficaz y se desarrolló una sustancia que impide la coagulación de la sangre (heparina).
Son incontables los avances. Por primera vez se aplican terapéuticas efectivas para trastornos neurológicos como la epilepsia y la enfermedad de Parkinson. Se descubrió que el sistema inmune era el causante de la enfermedad por factor RH y responsable del fracaso de los trasplantes de órganos.
Se desarrollaron nuevos y mejores métodos para observar el interior del cuerpo humano.
El tratamiento eficaz de algunos de los trastornos mentales ha mejorado considerablemente el pronóstico de estas dolencias y ha eliminado en parte sus estigmas.
Los trasplantes de órganos, la sustitución de huesos y tejidos dañados, la aparición de medicamentos antirrechazo, y los avances en general de la tecnología médica (con aplicaciones del láser, la computación, la robótica), junto a esenciales avances en el campo de la anestesiología, ofrecieron un desarrollo inimaginable de la cirugía.
También hizo su aparición la biotecnología moderna, aplicada al desarrollo de sustancias que levantan las defensas en pacientes con cáncer, vacunas y medicamentos.
Otro descubrimiento fundamental del XX fue el conocimiento de la trasmisión de los caracteres hereditarios y la posterior revolución génica, que abre los caminos para corregir en forma directa el gen responsable de enfermedades consideradas hasta ahora incurables. Los científicos hablan incluso de la farmacogenética, es decir: el diseño de medicamentos que sean específicos para cada perfil genético de los enfermos.
El siglo XX cierra también con un acontecimiento de extraordinaria trascendencia, la conclusión del Proyecto Genoma Humano, encaminado a catalogar todos los genes presentes en el hombre, y aunque deberán transcurrir muchos años aún para que se develen completamente los significados de esta "enciclopedia de la vida", contribuirá a acelerar en el milenio que se inicia la comprensión de muchas enfermedades.
En estos apuntes periodísticos no es posible esbozar siquiera los hitos más importantes de la Medicina en el siglo que acaba de terminar. Son muchas las luces que nos lega. Por ello mismo, y sin pretender empañar el talento creador de los seres humanos, duelen sin embargo, y mucho, las sombras que nos deja.
Para los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la gran revolución sanitaria del final del siglo XX se ha hecho con una enorme desigualdad. Por eso, anuncian, "el futuro es muy incierto y complejo".
Una sola cifra referida al comportamiento de la atención sanitaria bastaría para reflejar las desigualdades existentes: los países industrializados, que solo representan un 10% de las enfermedades que hay en el mundo, consumen el 90% de los recursos de salud.
Los países en vías de desarrollo tendrán que asumir una doble carga en lo que a la enfermedad se refiere: la intrínseca al subdesarrollo, protagonizada por las infecciones, y la correspondiente a las afecciones ligadas a la sociedad del bienestar —diabetes, alergias, dolencias cardiovasculares, envejecimiento— y otras como las neuropsiquiátricas que, según los pronósticos, en el año 2020 serán la causa principal de la pérdida de la salud en el mundo.
La globalización de la enfermedad y la interdependencia de los países serán asimismo dos de los rasgos característicos de los primeros años de este siglo XXI. "Ningún país estará seguro mientras haya enfermedades infecciosas en algún rincón del planeta", reconoce la OMS.
Y para los primeros años del siglo que ahora inauguramos, el organismo internacional propone tres objetivos fundamentales: continuar mejorando el nivel general de salud de la población mundial; corregir las desigualdades sociales; y dar una respuesta más adecuada a las expectativas legítimas de la población, facilitándole el acceso a los servicios sanitarios y reduciendo los costos y las distancias a los centros de Salud para los más pobres.