La longevidad constituye uno de los grandes logros del siglo XX y un reto para el que ahora comienza. La edad media de la población aumentó de forma inusitada. Se han agregado 20 años a la esperanza media de vida, lo que ha propiciado que en el curso de unas pocas generaciones la proporción de las personas de la tercera edad (mayores de 60) se ha venido acrecentando en alrededor de 1 de cada 14 a 1 de cada 4.
Sin embargo, la exclusión permanente de miles de millones de personas del Tercer Mundo de los avances ocurridos en el terreno de la salud, abren no pocas interrogantes para este nuevo milenio.
La revolución sanitaria acaecida ha estado marcada por una enorme desigualdad cada vez más polarizada: de una parte los ricos; de la otra, los pobres, a quienes de forma creciente les sigue tocando lo peor de los dos mundos. La aspiración de Salud para todos en el 2000 se recordará quizás como una hermosa utopía, que habrá nuevamente que soñar.
Para tener una imagen de los principales acontecimientos del siglo que termina, sería necesario recordar que el auge de la medicina moderna occidental se sitúa en el siglo XIX, época en la que se realizaron grandes descubrimientos en el campo de la biología, acompañados del desarrollo de la tecnología médica. Se inventaron nuevos instrumentos diagnósticos, entre ellos el estetoscopio y los equipos para tomar la presión arterial. También la tecnología quirúrgica alcanzó notables progresos.
Se iniciaba entonces también la tendencia a la especialización de la Medicina, que alcanzaría un máximo desarrollo en el siglo XX. Sustentados en conceptos forjados en el XIX, uno de los adelantos significativos del XX lo constituye la aparición de gran cantidad de medicamentos y vacunas para combatir las enfermedades causadas por bacterias (fiebre tifoidea, tuberculosis, tétanos, difteria, entre otras), y luego las originadas por virus, aunque el advenimiento del SIDA, a comienzos de la década de los 80, haya ensombrecido el panorama.
El descubrimiento de la penicilina anunciaba el comienzo de la era de los antibióticos, calificada como uno de los períodos más espectaculares de la Medicina moderna.
Otro gran triunfo lo constituyen los avances registrados en Endocrinología, situándose como el acontecimiento más importante el descubrimiento de la insulina, que posibilitó salvar la vida a muchos diabéticos de una muerte segura y llevar una vida normal. También el hallazgo de la cortisona, que constituye un potente agente antialérgico y antinflamatorio.
Con el descubrimiento de los principales grupos sanguíneos y su tipificación en el siglo XX, la transfusión se convirtió en un procedimiento seguro y eficaz y se desarrolló una sustancia que impide la coagulación de la sangre (heparina).
Son incontables los avances. Por primera vez se aplican terapéuticas efectivas para trastornos neurológicos como la epilepsia y la enfermedad de Parkinson. Se descubrió que el sistema inmune era el causante de la enfermedad por factor RH y responsable del fracaso de los trasplantes de órganos.
Se desarrollaron nuevos y mejores métodos para observar el interior del cuerpo humano.
El tratamiento eficaz de algunos de los trastornos mentales ha mejorado considerablemente el pronóstico de estas dolencias y ha eliminado en parte sus estigmas.
Los trasplantes de órganos, la sustitución de huesos y tejidos dañados, la aparición de medicamentos antirrechazo, y los avances en general de la tecnología médica (con aplicaciones del láser, la computación, la robótica), junto a esenciales avances en el campo de la anestesiología, ofrecieron un desarrollo inimaginable de la cirugía.
También hizo su aparición la biotecnología moderna, aplicada al desarrollo de sustancias que levantan las defensas en pacientes con cáncer, vacunas y medicamentos.
Otro descubrimiento fundamental del XX fue el conocimiento de la trasmisión de los caracteres hereditarios y la posterior revolución génica, que abre los caminos para corregir en forma directa el gen responsable de enfermedades consideradas hasta ahora incurables. Los científicos hablan incluso de la farmacogenética, es decir: el diseño de medicamentos que sean específicos para cada perfil genético de los enfermos.
El siglo XX cierra también con un acontecimiento de extraordinaria trascendencia, la conclusión del Proyecto Genoma Humano, encaminado a catalogar todos los genes presentes en el hombre, y aunque deberán transcurrir muchos años aún para que se develen completamente los significados de esta "enciclopedia de la vida", contribuirá a acelerar en el milenio que se inicia la comprensión de muchas enfermedades.
En estos apuntes periodísticos no es posible esbozar siquiera los hitos más importantes de la Medicina en el siglo que acaba de terminar. Son muchas las luces que nos lega. Por ello mismo, y sin pretender empañar el talento creador de los seres humanos, duelen sin embargo, y mucho, las sombras que nos deja.
Para los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la gran revolución sanitaria del final del siglo XX se ha hecho con una enorme desigualdad. Por eso, anuncian, "el futuro es muy incierto y complejo".
Una sola cifra referida al comportamiento de la atención sanitaria bastaría para reflejar las desigualdades existentes: los países industrializados, que solo representan un 10% de las enfermedades que hay en el mundo, consumen el 90% de los recursos de salud.
Los países en vías de desarrollo tendrán que asumir una doble carga en lo que a la enfermedad se refiere: la intrínseca al subdesarrollo, protagonizada por las infecciones, y la correspondiente a las afecciones ligadas a la sociedad del bienestar —diabetes, alergias, dolencias cardiovasculares, envejecimiento— y otras como las neuropsiquiátricas que, según los pronósticos, en el año 2020 serán la causa principal de la pérdida de la salud en el mundo.
La globalización de la enfermedad y la interdependencia de los países serán asimismo dos de los rasgos característicos de los primeros años de este siglo XXI. "Ningún país estará seguro mientras haya enfermedades infecciosas en algún rincón del planeta", reconoce la OMS.
Y para los primeros años del siglo que ahora inauguramos, el organismo internacional propone tres objetivos fundamentales: continuar mejorando el nivel general de salud de la población mundial; corregir las desigualdades sociales; y dar una respuesta más adecuada a las expectativas legítimas de la población, facilitándole el acceso a los servicios sanitarios y reduciendo los costos y las distancias a los centros de Salud para los más pobres.
Mediantes estas publicaciones nos damos cuenta como al pasar de los tiempos se desarrollan avances en cuando a lo que es denominado como aspecto salud, lo cual progresa en busca de darle solución a las necesidades que día a día se encuentran presentes en una población y con ello contribuye al lograr el bienestar de los seres humanos y por ende a favorecer su calidad de vida.
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